Era de tarde, hacía calor y no había ventilador. Un leve viento cargado calentaba aun más el ambiente, palabras sin sentido iban y venían sin razón. Besos y caricias cortaron la pobre conversación que pedía a gritos ser cortada hace ya buen rato.
Nuestras lenguas jugaban inocentemente con los labios amantes del acompañante. La muy nueva cama no había sido probada aun, y nuestros cuerpos mucho menos, vírgenes como el más puro aceite de oliva gourmet que el más grande y distinguido chef guarda con recelo. Nuestras muy pícaras manos se batían en duelo, cabellos erizados del cuerpo entero presentían el futuro que les esperaba.
Su cuello su debilidad, dando pequeñas indirectas escondidas de deseos y placer. Una mano insegura se dio cuenta y con miedo tanteando el lugar un suspiro roba. Otra lo coge fuertemente, pegando cuerpo a cuerpo, como danzantes de tango rozándose sin parar. Bésame, no pares, le dice al oído. No lo hago, no lo hizo.
El calor es un vil incitador, las prendas se van una a una, en cuentas aceleradas y pausadas, sin ritmo definido, a veces inquietando otras incitando. Desciende suavemente, más suave su vientre, que tiembla ante la presencia de este nuevo inquilino.
visitante carnívoro hambriento, que sin piedad sacia su hambre a la presencia de piel. No, dice, mientras le jala los pelos. Una lengua dibuja círculos alrededor de su ombligo.
Los pies en la espalda seguida de un abrazo de piernas que lo deja sin respiración, más al descubrir el nuevo corte de cabello, de peluquería alturada. Rojizo sonrojada, caliente como el lugar y mojada como su pasión. Practica un ejercicio solo visto en libros de historia o de cuentos filosóficos de sabios antepasados.
Gime, y de antropología, no importa.
Los cabellos vuelan, grita, de dolor por los voladores. Y como una pieza de baile de danza moderna, cambian de lugares a empujones...
(Interrupción al autor)
Fuera weon. Nica es tu historia. Ya, cuéntamela tuya.
Quieres que te diga: tiré en mi cuarto, terminé, fumé un pucho y me fui a dormir o que siga con el anterior.
Sigue, dale.
Doy.
(Desinterrupción)
… y como una pieza de baile de danza moderna, cambian de lugares a empujones. Le jala los pantalones, le rompe el boxer y sonríe, como asegurando seguir con el protocolo, su plan elaborado. Sus fantasías mas íntimas sadomasoquistas.
Agarra con fuerza, como asegurando tener el control, obligando a retroceder o a avanzar apresurado. Vaivén y vuelta, con la mirada fija a los ojos de su amante, conocedora del acto sin saberes previos. Se acerca, quiere besarlo y con la misma mirada pícara protocolar lo engaña, se inclina. Su espalda suda, las gotas se deslizan y el calor, ayuda.
Con el poder de una aspiradora deja sin fuerzas al sansón que sentado disfruta. La empuja, cae, sus pechos olan. Tal tigre al acecho de la tierna gacela, el amante salta a su presa. Un beso, una mirada y un recuerdo de sus viejos que le dicen: despacio a la primera.
A la hora un cigarrillo es encendido, la noche es afuera, los amantes se miran, continuemos con esta dulce quimera.
Dedicado a la chica que por el messenger me preguntó, incitó, a contarle.